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Escrito por CAONGD
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Terminada la cumbre del G-8, celebrada la semana pasada en la ciudad japonesa de Hokkaido, siguen sin definirse medidas claras y concretas para abordar el intenso incremento de los precios de los alimentos a nivel mundial. Su consecuencia más grave es el aumento del número de desnutridos en todo el planeta. Según el Banco Mundial, los precios de los alimentos básicos se han incrementado en un 83% de media y según la FAO, 37 países que dependen mayoritariamente del grano básico (arroz, trigo y maíz) están enfrentando una crisis que requiere asistencia externa y, sobre todo, una respuesta rápida de la comunidad internacional. Todo ello provoca una honda preocupación entre las organizaciones andaluzas que trabajan en el campo de la cooperación al desarrollo y la acción humanitaria (ONGD).
Los principales líderes mundiales, además de no tratar la escalada de los precios de los alimentos, tampoco analizaron los factores que vienen provocando desde hace décadas que existan 852 millones de personas desnutridas. Prometieron un desembolso insuficiente de diez mil millones de euros para el Programa Mundial de Alimentos; sin embargo, la crisis no es fortuita ni temporal ya que obedece a múltiples causas: precarias cosechas en diferentes países del mundo con una evidente falta de inversión en agricultura; políticas agrarias diseñadas en función del mercado internacional y muy determinadas por los monocultivos comerciales de las compañías transnacionales, que desplazan a los pequeños productores y los mercados locales; la competencia por el uso de los recursos productivos, especialmente la tierra y el agua para la producción de agrocombustibles; el aumento continuo del precio del petróleo, que incrementa el precio de los fertilizantes y del transporte; los efectos del crecimiento en consumo y demanda de productos como China e India; y, sobre todo, la especulación financiera que sufren los alimentos debido a un modelo de producción enfocado a lo esencialmente comercial y obviando la prioridad que es alimentar a la población. Por ejemplo, hoy se calcula que al menos un 55% de la inversión financiera en cereales responde a intereses puramente especulativos que repercuten en los precios. |
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