Inicio Opinión

Artículos

La franja del Sahel y la larga espera del hambre

E-mail Imprimir

Carla Pascual y Gonzalo de Castro
Sólo en Níger y Chad más de 10 millones de personas (10.000.000) necesitan ayuda urgente, dada la caída de casi el 35% de la producción de alimentos. Los dos países ya han declarado el estado de emergencia y solicitan ayuda internacional, pero la situación afectará también miles de personas más de países vecinos de la franja del Sahel como Burkina Faso y Malí.
Si bien la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) señala como las causas de esta situación los efectos de las malas cosechas de 2009, el tardío inicio de las lluvias, las plagas de langosta, los altos precios de los productos, y la combinación de estos factores con una pobreza persistente, las organizaciones de la sociedad civil internacional denuncian como causa primordial “las políticas de ajuste estructural impuestas a los países pobres por el Banco Mundial (BM) y el Fondo Monetario Internacional (FMI) desde la década de 1970”. 
Partiendo de la imposición a los países pobres de la liberalización de sus mercados y las políticas de ajuste estructural desde los años ’70, la situación actual se traduce en el total desmantelamiento de los instrumentos que estos países tenían para proteger su producción agrícola local, la reconversión de tierras fértiles dedicadas al abastecimiento del mercado local hacia producción de commodities mundiales, la existencia de mercados y tierras manejados por las agroindustrias mundiales y especuladores, y las exportaciones de alimentos subsidiados por los países ricos.
El sector agrícola en el mundo ha tenido en 2007 una producción record de 2.300 millones de toneladas, un 4% más que el año anterior. Desde 1961 la producción mundial de cereales se ha triplicado, mientras que la población se ha duplicado, como explica la ONG Grain en un artículo de 2008 titulado “El negocio de matar de hambre. Es necesario cambiar radicalmente la política alimentaria ¡ya!”. Si bien las personas consumimos menos de la mitad de esta producción mundial, la mayor parte se utiliza para consumo animal, y cada vez más, para biocombustibles. “Hemos permitido que los alimentos sean transformados de algo que alimenta a las personas y les asegura el sustento, en una simple mercancía para la especulación y los negocios”, indica Grain.
La última gran hambruna de la franja del Sahel fue en 2005. Se trata de “emergencias cíclicas”, predecibles, que no surgen por sorpresa y que pueden evitarse con los recursos que la humanidad tiene en el siglo XXI. Un asunto de ética y desarrollo humano.

 
 

¿Qué funciona en la lucha contra la pobreza?

E-mail Imprimir

Gonzalo de Castro Lamela. Coordinador de Estudios. Fundación Intervida

Por menos de medio dólar por niño al año, el ausentismo escolar puede ser reducido en una cuarta parte en contextos de pobreza. ¿De qué se trata? De programas masivos de desparasitación que han mostrado resultados positivos en Kenia e India.

Resultados similares en relación a la mejora de las tasas de retención escolar han detectado los investigadores del Poverty Action Lab (J-PAL), un centro de investigación del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), al analizar la eficacia de proyectos contra la anemia o la malaria.

“Los objetivos del milenio están interconectados”, señala la directora del J-LAB, Esther Duflo, apoyando sus afirmaciones en investigaciones como por ejemplo el impacto de proyectos de salud sobre la retención escolar, o de la importancia de mejorar la representación política de las mujeres para la priorización de la cuestión del acceso al agua potable en la agenda de los gobiernos.

Con una metodología sencilla y rigurosa, este centro de investigación se ha dedicado a evaluar prácticas que funcionan para la mejora de las condiciones de vida de las personas que viven en contextos de pobreza. Mediante su metodología llamada Randmized Trials (evaluaciones aleatorias), los investigadores han detectado conocimiento útil a partir de éxitos, fracasos o magros resultados.

Un ejemplo de ello es la importancia de eliminar, en contextos de pobreza, el cobro de pequeños montos de dinero por productos de asistencia médica preventiva. Esta práctica usual en programas sociales y en algunos proyectos de cooperación al desarrollo, aunque se fundamenta en supuestos razonables como la mejor focalización de las acciones en relación al “público objetivo” o la reducción de pérdidas en los programas de salud, inhiben un cambio de conducta positiva en la población afectada. Es el caso de la distribución gratuita de mosquiteras en zonas de malaria, especialmente para mujeres embarazadas. Los análisis de los investigadores del J-LAB en diversos contextos muestran poca evidencia de que los supuestos anteriormente citados sean correctos en relación al impacto esperado de las acciones, y llevan a la conclusión de que “ya que existen limitaciones a los recursos disponibles en muchos países para los servicios de salud, los gobiernos deberían priorizar la provisión gratuita de aquellos productos que tengan un impacto que vaya más allá del uso personal y que son altamente rentables”.

Casos que deben ser apreciados desde la misma lógica son la entrega de uniformes gratis a niñas para el acceso a la escuela, o también los pequeños costos que se trasladan al destinatario final para su inmunización, o asimismo la compra de fertilizantes en el caso del campesinado en contextos de pobreza.

“Los objetivos del milenio están interconectados”, insiste la directora del J-PAL, Esther Dufló, en base a la evidencia que revela la importancia de las actuaciones en proyectos sanitarios y su incidencia en el incremento de la asistencia escolar. También es el caso de la mejora de la representación política de las mujeres en los gobiernos y su efecto en la priorización de demandas en la agenda política, como la mejora en la calidad del agua.

 

¿Recortes en desarrollo humano?

E-mail Imprimir

altAdela Cortina (www.elpais.com)

Cuesta creer que la recuperación de la economía española tenga que pasar, entre otras cosas, por recortar la inversión en colectivos especialmente vulnerables: las personas dependientes, los jubilados, que verán congeladas sus pensiones, y las mujeres que van a dar a luz, con las que había un compromiso. No parece que ninguno de ellos sea responsable de la crisis económica, ni tampoco de otras crisis que oscurecen el horizonte, y justamente para ellos, por su especial vulnerabilidad, el recorte es a todas luces dramático. Es en estos casos cuando se hace patente que hay ciudadanos de primera y de segunda, y que los de segunda están en permanente situación de riesgo, un riesgo que no sólo se corre, sino que se transforma en amarga realidad.

Pero falta un cuarto colectivo, que ni siquiera parece contar por su lejanía, el de las personas que viven en países en desarrollo. El recorte asciende en este caso a 800 millones entre 2010 y 2011, lo cual supone un buen pico de la ayuda al desarrollo de estos dos años. Son gentes que no votan en nuestro país, claro está, y podría pensarse que para la mayoría de nosotros representan una difusa nebulosa, porque ojos que no ven, corazón que no siente.

Si no nos preocupan de verdad las personas dependientes de nuestro entorno, parece que menos aún nos van a preocupar las de países lejanos, por mucho que andemos un día tras otro mentando la globalización.

Lo bien cierto es que a cuenta de la crisis se retrasa todavía más el propósito de alcanzar los célebres Objetivos de Desarrollo del Milenio, que proclamó en 2000 la Asamblea General de Naciones Unidas, contando con los líderes mundiales de 189 países, objetivos cuyo cumplimiento se preveía inicialmente en 2015. Realmente, no pueden ser más básicos, calificarlos de modestos es poco: erradicar la pobreza extrema y el hambre, lograr la enseñanza primaria universal, promover la igualdad entre géneros y el empoderamiento de la mujer, reducir la mortalidad de los niños menores de cinco años, mejorar la salud materna, combatir el VIH/SIDA, el paludismo y otras enfermedades, garantizar la sostenibilidad del medio ambiente y fomentar una alianza mundial para el desarrollo.

¿Puede pedirse menos en materia de justicia? Pues los recortes por la crisis de distintos países y del nivel global retrasan su cumplimiento no a una fecha por lejana que sea, sino ad calendas graecas, teniendo en cuenta que los griegos no tenían calendas.

Podría pensarse que las gentes de los países en desarrollo no son ciudadanos españoles, y que son "los nuestros" los que tienen prioridad, más aún en tiempos de recortes. Daríamos entonces la razón a ciertos neurocientíficos, según los cuales, el desinterés por los lejanos tiene bases cerebrales, porque llevamos acuñados unos códigos, producto de la evolución, que se fueron formando en la época de los cazadores-recolectores, cuando las gentes formaban pequeñas tribus y se veían obligadas para sobrevivir a estrechar lazos con los demás miembros y a rechazar con agresividad a los lejanos, a los diferentes, a los extraños.

Si así fueran las cosas, llevaríamos esa disposición incorporada y por eso nos resulta difícil acoger al diferente, sentir preocupación por el lejano. Sería esa entonces una de las razones por las que la ayuda al desarrollo suena a música celestial, a discurso edulcorado para los buenos tiempos.

Sólo que para las cuestas arriba quiero mi burro, que las cuestas abajo yo me las subo. La ayuda al desarrollo humano es vital para los países más pobres de la tierra, para sus gentes la cuestión es de vida o muerte. Sin ayuda externa no pueden ni siquiera poner el pie en el primer peldaño que lleva a salir de la pobreza extrema. No se puede, pues, retroceder un ápice: erradicar el hambre y la pobreza extrema es, en realidad, un "Deber Ya" de la humanidad, y no un simple "Objetivo del Milenio". No hay recortes que valgan.

Cosa que, al parecer, ha percibido buena parte de la ciudadanía española que, según las encuestas, se ha puesto por montera el código pueblerino de los cazadores-recolectores y ha respondido a los encuestadores que recortes en desarrollo, no.

Por si faltara poco, nobleza obliga, y la presidencia de la Unión Europea debería llevar aparejado un plus de ejemplaridad, especialmente relevante en temas de desarrollo humano, que afectan a los más desprotegidos.

Ciertamente, la salida de la crisis vendrá de reformas estructurales y sobre todo de cambio en los modelos de vida, apostando por la transparencia, la profesionalidad, la generación de confianza y de amistad cívica.

Pero, en lo que afecta a reducir gastos, podría muy bien prescindirse de asesores, ministerios, direcciones generales y un buen número de cargos superfluos, poner tasas a las transacciones financieras, mirar con lupa fraudes y corrupciones, y sobre todo no invertir lo recaudado en todo aquello que lleva a conseguir votos, aunque sea estéril o incluso esté contraindicado. Pero reducir la ayuda al desarrollo humano es radicalmente inadmisible.

Adela Cortina es catedrática de Ética y Filosofía Política de la Universidad de Valencia y directora de la Fundación ÉTNOR

 

ACPP condena el ataque a la flotilla que llevaba ayuda humanitaria a Gaza

E-mail Imprimir

altLa ONG Asamblea de Cooperación Por la Paz condena con contundencia el ataque a la flota de Free Gaza, formada por seis barcos con 750 personas a bordo que transportaban ayuda humanitaria para la Franja de Gaza. Asamblea de Cooperación Por la Paz (ACPP) considera inadmisible e inaceptable esta ofensiva, que ha acabado con la vida de al menos 10 activistas. Esta agresión constituye un ataque al derecho humanitario y un crimen de guerra.

Cargada con suministros médicos, material de construcción, equipamiento educativo, vehículos para personas con discapacidad y cien casas prefabricadas, esta flotilla pretendía romper el bloqueo que sufren un millón y medio de habitantes de la Franja, que les ha sumido en una crisis humanitaria.

Asamblea de Cooperación Por la Paz llama a la comunidad internacional a impedir que actos como éste perpetrados por Israel queden impunes y a dar una respuesta firme ante este crimen. Asimismo, apelamos a Israel a sumarse a las propuestas del Cuarteto y a emprender de una vez por todas el camino de la paz.

ACPP trabaja desde 1993 en los Territorios Ocupados Palestinos y en Israel, con el doble objetivo de garantizar el sostenimiento de un futuro Estado palestino y  contribuir a la construcción de paz fortaleciendo a los movimientos sociales locales.

 

Deuda ilegítima, injusta e instrumento de sometimiento

E-mail Imprimir
altRuth Mellado
Nadie cuestiona ya, afortunadamente, la injusticia y la ilegitimidad de la devolución de los préstamos internacionales de norte a sur que impiden el desarrollo de los pueblos e hipotecan su futuro y el de la vida de quienes aún no han nacido. Los más vulnerables, los niños, son los que sufren la falta de recursos de un estado endeudado. La reconstrucción de Haití ha vuelto a poner sobre la mesa este tema. Es evidente que la deuda externa parte de una base ilegítima, ya que el sistema ha sido establecido por los países más industrializados, sin contar con la voz de los que iban a sufrir el sistema. ¿De qué sirve invertir en cooperación si del fondo público del país que recibe el dinero salen los recursos económicos hacia el norte? No es justo que su devolución suponga sacar dinero público de un estado en el que la alimentación y el suministro de agua no están garantizados. Los países no pueden invertir en las políticas que necesitan por el ahogo de la deuda y esto les quita soberanía. Por todos estos motivos, la condonación de la deuda es imprescindible. No obstante, hay tres posiciones respecto a esto y la condonación es la mínima. La segunda, que va un paso más allá, pide el retorno al país del capital prestado, así como de los intereses pagados. Hay quien aun avanza más y hace un llamamiento a indemnizar a los países que han sufrido esta situación injusta porque no han podido invertir en su propio bienestar y desarrollo. La deuda continua creciendo: entre 1970 y 2008 se ha multiplicado por 52 y los países del sur han pagado ya 106 veces lo que debían en 1970. Parece ser que salir del ciclo de la deuda es imposible; por lo tanto, tiene que ser condonada. El mundo lo podemos cambiar, sólo hay que decidir hacerlo y llevar a la práctica los propios valores. Hemos avanzado, pero queda mucho camino por recorrer hasta que consigamos construir un mundo justo y solo entre todos podemos hacerlo.

 

 


 
Página 1 de 3

Eventos

Septiembre 2010
L M X J V S D
30 31 1 2 3 4 5
6 7 8 9 10 11 12
13 14 15 16 17 18 19
20 21 22 23 24 25 26
27 28 29 30 1 2 3
Plataforma de formación



Los contenidos publicados en la web se encuentran sujetos a la licencia de Creative Commons.