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Comercio justo: más de 30 años cambiando vidas

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Valentín Vilanova. Intermón Oxfam.

El 11 de mayo se conmemora el Día Internacional del Comercio Justo, una alternativa de consumo responsable a la que Intermón Oxfam contribuye en España con un esfuerzo institucional importante y con la dedicación, nunca suficientemente agradecida,  de más de mil personas voluntarias que hacen posible que 40 tiendas de comercio justo abran sus puertas todos los días en otras tantas ciudades de España; enriqueciendo las opciones que tiene la ciudadanía para ejercer su solidaridad a través de esta forma inteligente de consumir.

La crisis financiera internacional, a la vez que ha desenmascarado una profunda crisis de valores que tenía en el consumo irracional y desmesurado su máximo exponente, ha puesto en valor otras formas de consumir, otras formas de hacer negocios, otras formas de relacionarnos, que estaban muy cerca de nosotros pero a las que no dábamos el debido reconocimiento. El comercio justo, los mercados de proximidad, el movimiento slow food… son formas alternativas de consumir, de vivir. Formas que nos interpelan a no consumir instintiva y compulsivamente, sino que nos paremos unos segundos a pensar nuestra elección y que nos decidamos por aquellos productos que además de satisfacer nuestra necesidad, ayuden a reconstruir un planeta más verde, más habitable, más justo o más feliz.

La forma tradicional de mercadear en la esfera internacional no ofrece soluciones durables ni para los pequeños productores (que se ven forzados a vender, en muchos casos, por debajo del precio de producción), ni para los consumidores (que consumimos productos de dudosa calidad y sin las garantías suficientes de que detrás de las marcas no se estén cometiendo abusos sociales o medioambientales). Los únicos beneficiados de esa forma tradicional de hacer negocios son los intermediarios (empresas exportadoras, cadenas de distribución…), son ellos y sólo ellos quienes se llevaban y se continúan llevando la mayor y poco merecida tajada.

El comercio justo viene demostrando, desde los años 70, que es una sólida opción de mercado alternativo, ético y responsable.  Para esta modalidad de transacción equitativa, lo importante son los desechos del comercio internacional convencional, es decir: el pequeño productor y el consumidor. En este sistema comercial se garantiza a los grupos de productores con los que se relaciona un precio de compra estable y previamente negociado, que siempre estará por encima del costo de producción (en la conformación de precio se incluye un plus suficiente para que las familias tengan bastantes recursos para atender la educación de los menores y su salud); además, les ofrece anticipos para financiar insumos y les paga primas sociales comunitarias con las que se afrontan proyectos colectivos, como abastecimiento de agua potable o mejora de viviendas. En el lado del consumidor, el comercio justo entrega un producto éticamente impecable –no interviene mano de obra infantil en su elaboración, hombres y mujeres reciben mismo salario y el medio ambiente no es agredido– y además ofrece una alta calidad (el algodón de las camisetas es resistente al paso de los años). Y si ya rizas el rizo y lo compras en alguna de las tiendas de comercio justo atendidas por personas voluntarias, cerrarás este círculo virtuoso de valores que conforma el comercio justo, con alta nota.

¿Y este sistema comercial cambia la vida de la gente? Un reciente estudio llevado a cabo en Uganda nos lo ha vuelto a demostrar con datos. Hemos comparado ratios de desarrollo entre dos grupos de pequeños caficultores, un grupo incluido dentro de la redes de comercio justo y otro jugando bajo las reglas del libre mercado convencional. El resultado ha sido contundente: los productores dentro del comercio justo tenían índices comunitarios de acceso al agua potable, escolarización de los niños o condiciones de las viviendas hasta veinte puntos por encima de los productores que no se regían por los principios del comercio justo. Son muchos millones de vidas cambiadas en los últimos 30 años por este sistema.

A pesar de sus irrefutables aspectos positivos, en España el espacio a recorrer por el movimiento pro-comercio justo es hoy por hoy extenso; recientes estudios señalaban que el comercio justo sólo era conocido por el 25% de la ciudadanía y que el gasto medio en España era de 0,55€/persona al año. Para que tengamos perspectiva comparativa, en Holanda es conocido por el 90% de la población y en Inglaterra el gasto medio por persona es de 24€; este último dato supera ¡casi 50 veces! al dato de consumo en España. Las cifras hablan por sí solas de la debilidad del movimiento en España y de los ingentes esfuerzos de socialización y alianzas que las organizaciones de comercio justo debemos hacer con el resto de movimientos alternativos, si queremos acercarnos mínimamente a estándares europeos.

Hay espacio para la esperanza: a pesar de la crisis, las ventas de comercio justo de 2011 en España crecieron. Las organizaciones tenemos una gran responsabilidad en que esta alternativa, que tantas vidas ha cambiado en los últimos 30 años, se conozca; tenemos, diría yo, la obligación de asociarnos a otros movimientos alternativos de consumo para que el comercio justo se extienda entre las decenas de miles de personas que –como el eslogan de una antigua campaña de Intermón Oxfam– hacen cada día de su carro de la compra un carro de combate contra la injusticia.

(Artículo publicado inicialmente en sentido-comun.com) 

 

¿Marca Cataluña? Por una acción exterior responsable y solidaria

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Francesc Mateu i Hosta. Presidente de la Federación Catalana de ONG de Desarrollo, Paz y DDHH

Cataluña quiere ser reconocida en el mundo con una identidad propia y eso no significa hoy lo mismo que significaba hace dos siglos. En nuestro mundo global, posicionarse como un país moderno y proyectado hacia el futuro pasa, a nuestro entender, por construir un país socialmente justo y éticamente responsable nacional e internacionalmente. Por políticas sociales, educativas y económicas que contemplen la interdependencia como principio fundamental, y una acción exterior coherente, que incorpore de manera equilibrada los ejes de la cultura, el comercio y la cooperación. Nada que ver con los antiguos modelos colonialistas de estado-nación que contemplaban el mundo única y exclusivamente, según sus propios intereses.

“La acción exterior es tan importante para este Gobierno como la acción interior” (“L’acció exterior és tan important per aquest Govern com l’acció interior”). Estas palabras del Conseller Homs en su comparecencia en la Comisión de Exteriores del Parlamento catalán resultaron muy esperanzadoras para las ONGD, pero no tardamos en darnos cuenta que el eje fundamental de la acción exterior que se está diseñando es el de la “diplomacia económica”, mientras que el ejercicio de responsabilidad global en el que creemos –cooperación internacional dicho de otra manera-, es poco más que testimonial. Una “diplomacia económica” que se asemeja demasiado a la “”Marca España” que tan en evidencia está dejando al Gobierno del Estado español por su visión tan corta, mercantilista y anticuada de un mundo cambiante. No sería la primera vez que topamos con la peor versión de nosotros mismos, con este Sr. Esteve que lo mismo le da que es lo que vende y a quien.        

Este Gobierno también habla, muy acertadamente, de la importancia de la acción exterior de la sociedad civil, y quiere desplegar una red de embajadores para tener capacidad de incidencia a nivel internacional. Es por ello que nos sorprende el poco interés por mantener nuestra red. La Generalitat de Cataluña dispone de 65 oficinas en 40 ciudades y tan solo la Federación Catalana de ONG somos 120 ONG presentes en 102 países. En Mali o en Guatemala hace más de 20 años que saben que Cataluña es alguna cosa diferente a España porque ya lo explicábamos los cooperantes en cada conversación, mucho antes que ningún Gobierno hiciera ninguna Ley de Cooperación.

Hoy seguimos teniendo representantes en campos de refugiados, en reuniones de oficinas regionales de Naciones Unidas o en Bruselas que están haciendo lo imposible por aguantar, aunque el peso de las políticas de austeridad haya caído injusta y desproporcionadamente sobre nosotras: 80% de recorte en los presupuestos, impagos de las subvenciones aprobadas desde el 2010, y ninguna subvención a ONGD el 2012 y el 2013. No es de país serio cumplir los compromisos solo con la gran banca internacional. En base a unas convocatorias y requisitos técnicos y a unas subvenciones aprobadas, nosotras nos habíamos comprometido con miles de personas empobrecidas de todo el mundo, con muchas ONG socias y con muchos gobiernos locales, y nos cuesta hacerles entender que Cataluña ahora tan solo cumple con la banca.

En esta tarea de explicación de lo inexplicable y de resistencia cotidiana nos sentimos muy solas. El único mensaje que nos ha llegado alto y claro es que la prioridad es la expansión comercial de la pequeña y mediana empresa, y que algunos países empobrecidos tienen interés tan solo porque resultan buenos mercados. Nos es difícil entender a un responsable de una política pública que no solo no la defiende sino que nos empuja al sector empresarial como única solución, un sector privado mermado que lo primero que ha hecho ha sido reducir sus programas de responsabilidad  social corporativa. Tampoco podemos entender que a la asfixia económica, se le añada el padecimiento innecesario con permanentes requerimientos burocráticos que han acabado  por sublevar a todo un sector muy diverso, y que se ve obligado a defenderse por la vía judicial.

De boca del Conseller Homs hemos oído que la cooperación internacional es parte de nuestro patrimonio como país, y una de nuestras señas de identidad. Lo es. Precisamente por eso y con el horizonte de un país con mayor presencia en la escena y los debates internacionales, incluidos todos los relacionados con pobreza y desigualdades, creemos que es necesario exigirnos todos un poco más. Ayer pedimos en el Consejo de Cooperación que reconsidere la importancia de la cooperación en su política de acción exterior y la dimisión del actual director de la Agencia Catalana de Cooperación. La nueva Ley de Acción Exterior es una buena oportunidad  para reconducir la situación y este nuevo marco pide cambios de personas, gestos y actitudes.

Espriu dijo que hemos de hacer todo lo que podamos por nuestra parte, para que el mundo sea un poco menos desagradable y, sobretodo, un poco menos perverso. Hagámosle caso.

 

El valor de la educación para el desarrollo

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altLa situación de crisis actual, con los recortes en educación e investigación –tanto a nivel básico como superior–, presenta un panorama muy desolador para el futuro del sector educativo.

Más allá de la adquisición de unos conocimientos teóricos y técnicos que nos preparan para el mercado laboral y nos dotan de una cultura general, la educación debería aportarnos algo más; entendiéndola como una herramienta para proporcionar unos valores de tolerancia, solidaridad y respeto hacia otras sociedades con realidades culturales y religiosas diferentes a la nuestra. Podremos así comprender parte de los problemas de la sociedad actual.

Pero, ¿cómo podemos resolver algunos de estos problemas? La educación para el desarrollo apuesta por la formación en valores, trabajando con una actitud crítica y transformadora en todos los niveles y ámbitos educativos. Sólo así conseguiremos una sociedad activa, que se implique en los problemas globales y en su resolución, puesto que éstos se encuentran relacionados entre sí. Una crisis global no es más que la suma de muchas crisis locales, que acaban por afectarnos a todos. Y la solución pasa por cambiar nuestro día a día y enfrentarnos al mundo con otros ojos, otros pensamientos y otras capacidades.

 

Las entidades que pertenecemos a la Coordinadora Andaluza de Organizaciones No Gubernamentales para el Desarrollo (CAONGD) trabajamos desde hace mucho tiempo por la construcción de una sociedad más justa para todos, en la que podamos garantizar la igualdad y los derechos de la ciudadanía. Para ello, utilizamos las herramientas que nos proporciona la educación para el desarrollo: formación, sensibilización, investigación, capacitación y transformación.

Con la situación de crisis económica actual, que no tiene en cuenta el papel fundamental de las ONG, corremos el riesgo de perder el valor añadido que la educación para el desarrollo aporta a la sociedad.

 



 

 

Resolución de la XXXI Asamblea General de la Coordinadora de ONGD de España

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altResolución de la XXXI Asamblea General de la Coordinadora de ONGD ESPAÑA

Reunidas en Asamblea, casi 90 ONGD y 17 Coordinadoras Autonómicas de ONGD, que en total agrupamos a más de 400 organizaciones no gubernamentales para el desarrollo,

CONSIDERANDO:

•  Que la cooperación internacional para el desarrollo es una política eficaz en la lucha contra la pobreza en la medida en que afronta tanto las causas que generan pobreza y exclusión como las consecuencias.
•    Que se han conseguido avances significativos en la reducción de los niveles de pobreza extrema en todo el mundo, en la lucha contra la mortalidad infantil, en el acceso a la educación primaria, en el acceso a agua potable y  en el avance en la defensa y promoción de los derechos de las mujeres, entre otros.

•  Que en los últimos años estamos asistiendo a un desmantelamiento de las políticas públicas de solidaridad y cooperación, y otras políticas sociales, bajo el argumento de “cumplir con la normativa en materia de estabilidad presupuestaria y déficit público”, afectando directamente a las personas más vulnerables, tanto en nuestro país como en los países en los que la cooperación española trabaja.
•  Que desde 2010 la cooperación española,  ha sufrido un recorte presupuestario de casi el 60% que sitúa la Ayuda Oficial al Desarrollo Española (AOD) en el 0.20% de la Renta Nacional (RNB), a niveles de 1990 y a la cola de los países donantes europeos. Recorte absolutamente desproporcionado respecto del resto de políticas públicas.
•  Que la cooperación autonómica y local ha visto reducidos sus fondos desde 2009 en un 70% y su supervivencia está seriamente amenazada con el  desarrollo de la reforma de ley de régimen local.
•  Que el Plan Director 2013-2016 de la cooperación española marca un cambio de rumbo que hace temer un evidente riesgo de instrumentalización de la ayuda al servicio de otros fines e inte  e intereses de la acción política y económica de España en el exterior.

MANIFESTAMOS QUE:

•  Acabar con la pobreza y la exclusión es posible y es una obligación ética y política para el cumplimiento de los Derechos Humanos, que corresponde a todos los niveles de gobierno y a la ciudadanía en general.
•  Nuestro bienestar y seguridad están relacionados de manera real y directa con el futuro del resto de países, pues los esfuerzos en el ámbito local tienen repercusión a escala global y viceversa.
•  La política de recortes está causando más pobreza en nuestro país y agravando la situación de millones de personas en otros países, en temas tan importantes como la salud, la educación y la alimentación.
•  Se está produciendo un retroceso de más de 20 años de derechos como los laborales, de salud, educación y acceso a una vivienda digna, entre otros, aquí en nuestro país y se están abandonando los esfuerzos y logros realizados también en todos estos años para que millones de personas de países empobrecidos tuvieran acceso a esos derechos.
•  Existe una gran preocupación por la corrupción y el desvío de fondos de cooperación por parte de ciertos responsables políticos para su beneficio, en detrimento de las personas más pobres y del trabajo y el compromiso de las ONGD en la lucha contra la pobreza.

DEMANDAMOS AL GOBIERNO ESPAÑOL Y AL CONJUNTO DE GOBIERNOS AUTONOMICOS Y LOCALES:

•  Que se promuevan una política de desarrollo y cooperación integral, que priorice los  procesos de desarrollo y que integre el conjunto de políticas públicas –migratorias, comerciales, financieras- que afectan a la lucha contra la pobreza.
•  Que se reconozca el papel de las Organizaciones de la Sociedad Civil como actores relevantes de desarrollo, favoreciendo el ejercicio de sus roles como interlocutoras con las sociedades de países empobrecidos, ejecutoras de programas y proyectos, en el diseño, implementación y seguimiento de las políticas públicas de desarrollo, agentes de educación para el desarrollo en nuestra sociedad, etc.
•  Que se paralicen los recortes en políticas de cooperación y se paguen las deudas contraídas con los proyectos de cooperación aprobados hace años y aún no desembolsados.
•  Que aumenten los medios y el esfuerzo para la lucha contra la corrupción vinculada a fondos de cooperación, y se  depuren responsabilidades políticas, evitando la confusión y el desprestigio que generan sobre la Cooperación al Desarrollo.
•  Que se establezca una hoja de ruta hacia el compromiso del 0.7 %, que concrete para los próximos 3 años el incremento de la Ayuda Oficial al Desarrollo para alcanzar al menos los niveles del año 2008.
•  Que se obtengan  ingresos fiscales a partir de otras medidas más justas:
o    una fiscalidad progresiva que grave a los que más tienen
o    la lucha contra el fraude fiscal
o    la lucha contra la corrupción
o    eliminación de los paraísos fiscales
o    la implementación de una tasa a las transacciones financieras y su dedicación a las políticas sociales en nuestro país y a la cooperación con los países empobrecidos.  
•  Que todas las políticas públicas sean coherentes con el compromiso español de luchar contra la pobreza en el mundo y contra sus causas.

 
 

 

 

El codesarrollo: oportunidades para España y Marruecos

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altEn la década de los noventa surgió en el campo de las migraciones un debate que se centró en los flujos financieros promovidos por los migrantes y su efecto macroeconómico en origen. Las conexiones entre Migración y Desarrollo despertaron el interés de varios países y de instituciones multilaterales, intentando saber si la emigración puede servir de apoyo a la ayuda al desarrollo y si la ayuda al desarrollo es capaz de reducir o prevenir las migraciones. Las mismas preguntas siguen planteándose y forman incluso la esencia de grandes iniciativas y proyectos bajo el lema de codesarrollo: una palabra maltratada, por desconocimiento o con intenciones ocultas.

De forma general, la conexión entre migración y desarrollo se refiere a la  aportación económica de los emigrantes a su país de origen, pues promueven los aspectos más importantes del desarrollo como son las transferencias de dinero, de mercancías, de tecnología y de ideas. Por lo tanto, se piensa que estando presentes estos aspectos del desarrollo gracias al efecto de las migraciones, se erradicarían los principales factores que obligan a las personas a emprender proyectos migratorios.

Por la existencia de esta posibilidad de eliminar los flujos migratorios o restringirlos, el nexo Migración y Desarrollo es una cuestión plenamente politizada: desde la UE y varios países miembros, se establece una definición preventiva del concepto: conectando las políticas migratorias y las de cooperación al desarrollo, se piensa que se crearían en origen las condiciones socioeconómicas susceptibles de reducir el deseo que tienen las personas de emprender proyectos migratorios.

A parte de esta perspectiva, se han formulado numerosas aproximaciones en torno al término impreciso llamado codesarrollo, desde el campo de la investigación y desde las instituciones gubernamentales o multilaterales. Son tan variados y distanciados los enfoques utilizados que podríamos hablar de ideas ortodoxas y heterodoxas del codesarrollo como es el caso de las Teorías Económicas del Desarrollo (TED). Las ortodoxas definen el codesarrollo como implementación de proyectos de cooperación en las zonas de origen de los flujos migratorios para frenarlos o prevenirlos. Las ideas heterodoxas, más ligadas al mundo académico y al tercer sector, contemplan el codesarrollo como aquellas iniciativas solidarias que los inmigrantes emprenden en sus países de origen porque sienten la necesidad de pagar una deuda por lo que han vivido allí y por lo que esperan sus pueblos de ellos una vez se asienten en un país del norte y tengan más estabilidad y prosperidad.

Si nos centramos en las ideas ortodoxas, las que se reflejan en las convocatorias públicas y el discurso político, la idea del codesarrollo es bastante decepcionante. Tras realizar un estudio sobre los proyectos promovidos desde instituciones gubernamentales y no gubernamentales españolas, iniciativas centradas en Marruecos como zona geográfica y/o en los inmigrantes marroquíes como colectivo prioritario, detectamos que los modelos de codesarrollo basados en promover el desarrollo en origen para prevenir-restringir las migraciones son los modelos más frecuentes.

Detrás del “buenismo” del desarrollo existen múltiples intereses. En este caso, se priorizan las zonas geográficas de “alta emisión” de flujos migratorios, porque el objetivo es que dejen de ser emisoras. Lo que es susceptible de generar desigualdades de desarrollo a nivel local y regional entre las zonas prioritarias por ser origen de migraciones y las no prioritarias, que no registran muchos candidatos a la emigración pero sí tienen los índices más altos de pobreza en el país.

El tercer punto que las ideas ortodoxas pasan por alto está relacionado con la interpretación del comportamiento del inmigrante, a pesar de los abundantes estudios que lo analizan desde las diferentes disciplinas científicas. Los inmigrantes desarrollan sus prácticas en el ámbito transnacional, es lo que hace de ellos unos beneficiarios o actores que necesitan estrategias de intervención acomodadas a su trayectoria, a su lógica y a sus necesidades. Diseñar proyectos de codesarrollo basados en el retorno, según el método Sami Naïr o conforme a una versión híbrida de la circulación migratoria, está abocado al fracaso.

¿Existe alguna alternativa a esta definición politizada del codesarrollo? Desde el mundo académico sí hay propuestas que positivan las migraciones e incluso ven en el codesarrollo un asunto bidireccional y transnacional donde las aportaciones de los migrantes benefician al país de origen y al país de recepción de un modo u

En efecto, según las estadísticas del INE (2011) hasta el 31 de diciembre de 2011, el número de inmigrantes marroquíes en España asciende a 801.690 personas. La mayoría de la Comunidad Marroquí en España (CME) es joven, pues más de 490.000 tienen edad entre los 15 y los 40 años. Hasta noviembre de 2011, el número de marroquíes afiliados a la Seguridad Social asciende a 206.787 personas en los diferentes regímenes. La CME desarrolla sus prácticas a nivel transnacional: está instalada en España, pero sigue teniendo relaciones con el origen. Por lo tanto, creo que es tarea conjunta hispano-marroquí pensar e inventar soluciones de atención a esta comunidad como población conjunta y como ciudadanos transnacionales. Esta tarea, inserta en el marco de una estrategia de codesarrollo, tendría por objetivo a la vez maximizar las prácticas positivas que lideran la CME a nivel local y transnacional y dar respuesta a problemáticas coyunturales como la de la destrucción del empleo.

Al encontrarnos en un momento social y económico complicado, que necesita propuestas de refundación y reconcepción del desarrollo y de la gestión del capital humano, está más que argumentada una iniciativa conjunta de codesarrollo hispano-marroquí que se sustente en un enfoque colaborativo generador de riqueza: apoyar las iniciativas empresariales de los migrantes tanto en origen como en destino; mejorar las condiciones de envíos monetarios y diseñar mecanismos para su inversión productiva; apoyar la filantropía diaspórica de forma institucionalizada y dirigida estratégicamente; y, sobre todo, localizar e identificar a esos talentos, perdidos entre ambos países y que tienen tanto conocimiento por compartir y transferir.

Si bien soy consciente de que en el contexto hispano-marroquí existen desafíos y obstáculos que complican la tarea de emprender acciones de codesarrollo tan positivas como las que planteo, pienso que vivimos un momento de crisis sistémica en el cual uno no recupera solo las sendas del desarrollo.

 

 

 
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