
La Presidencia española arrancó con la lucha contra la pobreza como una de sus prioridades, pero Zapatero no ha sabido liderar una Europa más comprometida y ha sucumbido al actual contexto de crisis económica y financiera y a las corrientes más conservadoras y menos favorables al desarrollo, que con la crisis como excusa, adoptan medidas de ajuste económico mediante las cuales son los más vulnerables los que pagan los efectos de una crisis que no han provocado.
Así lo consideran la Coordinadora de ONG para el Desarrollo-España (que representa a más de 400 organizaciones de desarrollo en todo el país), Intermón Oxfam, Acción por
Una UE irresponsable e incoherente con los más vulnerables
El Consejo Europeo de junio (último celebrado bajo presidencia española), se limitó a ratificar el compromiso de destinar el 0,7% de
La falta de ambición de Europa en temas de AOD tiene como resultado que los 27 acudirán a la Cumbre de Naciones Unidas sobre Objetivos del Milenio en septiembre con una propuesta pobre, que no sólo pone en riesgo los avances conseguidos en los últimos 10 años, sino que tampoco hace propuestas creíbles para los próximos 5 años. Nuestros esfuerzos ahora estarán centrados en exigir a
Los ajustes económicos, junto con una preocupante tendencia a la privatización del desarrollo (según lo aprobado en el último Consejo, la UE quiere dejar en manos del sector empresarial la financiación para el desarrollo) van en contra, además, del principio de Coherencia de Políticas para el Desarrollo (CPD), recogido en el Consenso Europeo de Desarrollo de 2005 y en el Tratado de Lisboa, según el cual la lucha contra la pobreza es el objetivo último de las políticas europeas.
Un claro y alarmante ejemplo de esta incoherencia son los asimétricos acuerdos comerciales alcanzados en
Por otro lado, aunque se aprobó el Plan de Acción de la UE para la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres en el Desarrollo, la presidencia española no ha logrado la aprobación de la Comunicación de
Fondos adicionales
La apuesta por la implantación de un impuesto a las transacciones financieras, surgida del último Consejo Europeo, aunque tímida, es una buena noticia. Sin embargo, los fondos recaudados por esta vía deben estar destinados a paliar las consecuencias de la crisis económica en los más vulnerables, y no servir de colchón a los especuladores para futuras crisis. Con la aplicación de una mínima tasa del 0,05% a las transacciones que las entidades financieras realizan entre sí -muy inferior a los impuestos que pagan otros sectores incluida la ciudadanía- no sólo se estarían disuadiendo las operaciones especulativas, sino que se podrían obtener 400.000 millones de euros adicionales para financiar políticas sociales tanto en Europa como en los países del Sur.


